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La práctica de yoga a largo plazo: Una receta para mantener un peso saludable

Por: Sandeep (Anu) Kaur, MS, RDN, RYT-500 y Sat Bir Khalsa, Ph.D

La obesidad, definida como el Indice de Masa Corporal (IMC) de 30 o mayor, es una epidemia en los Estados Unidos y es también un vínculo fundamental en el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer y otras enfermedades crónicas. La práctica del yoga, como un enfoque mente-cuerpo, se ha incrementado con el propósito de mejorar la salud general.

La mayoría de los practicantes de yoga indican que la razón principal que les hizo iniciar fue mejorar su salud y manejar su peso corporal. El objetivo del yoga, que es la “unión de mente-cuerpo-espíritu”, junto con el uso de posturas físicas, técnicas de respiración, relajación profunda y prácticas de meditación ofrecen un estado interno de auto contemplación que marca una gran diferencia entre el yoga y los ejercicios convencionales como las pesas o los ejercicios aeróbicos.

Estudios previos han establecido que a pesar de los beneficios psicológicos y fisiológicos iniciales de los programas tradicionales de dieta y ejercicio, estas estrategias de pérdida de peso y otros tratamientos médicos convencionales son relativamente pobres con respecto a la adherencia a largo plazo a los cambios de un estilo de vida saludable. Esto sigue representando una limitación y debilidad en estas formas convencionales de proveer de salud. Se sabe que una serie de diferentes conductas saludables como el aumento del ejercicio, la disminución de las porciones de comida y la disminución de la ingesta de grasas y azúcares, influyen en el control del peso.

Como forma de ejercicio para quemar grasa, los ensayos clínicos preliminares sugieren que la práctica de yoga puede o no contribuir de manera importante a la salud cardiovascular, esto dependerá del estilo de yoga y los ejercicios físicos que se practiquen. Más recientemente se han llevado a cabo investigaciones sobre el papel que juega el yoga en el aumento de la conciencia mente-cuerpo, la cual está relacionada, tanto a la conducta de la alimentación consciente como a la conciencia de la imagen corporal.

La mayoría de los estilos de yoga desarrollan una mayor conciencia del cuerpo, la cual se asocia con una relación más saludable con los alimentos y una mayor satisfacción con el cuerpo. También existe una relación entre el estrés crónico y la regulación del peso. La evidencia indica que la activación del sistema de estrés se asocia con un mayor consumo de alimentos con alto contenido de grasas y azúcar y un aumento de peso abdominal.

Esto puede deberse al aumento de la estimulación hipotalámica-hipofisaria del eje suprarrenal que eleva los niveles de la hormona del estrés cortisol y la activación del sistema nervioso autónomo (aumento de la actividad simpática y liberación de adrenalina y reducción de la actividad vagal parasimpática). Es bien sabido que el yoga es sumamente efectivo para regular estos sistemas de estrés y, por lo tanto, puede mitigar los atracones motivados por el estrés y también las malas elecciones dietéticas (como los llamados alimentos reconfortantes) que son altos en carbohidratos, azúcar y grasa.

Al hablar de la regulación del peso, estas benéficas características psicofisiológicas probablemente sean las responsables de los comentarios que hacen los practicantes regulares de técnicas integradoras y complementarias de mente-cuerpo, incluido el yoga, sobre su capacidad de mantener un peso más saludable.

Con respecto a las poblaciones más amplias, un estudio realizado en 2014 en la Universidad de Columbia analizó la relación que existe entre los comportamientos del estilo de vida como cambios en la dieta, el uso de suplementos convencionales, el ejercicio y las modalidades complementarias como el yoga. Encontraron que aquellos quienes usan medicina complementaria y alternativa (CAM por sus siglas en inglés) eran 4.7 veces más propensos a ligarse con comportamientos de estilo de vida saludables que aquellos individuos que no usaban CAM.

Más recientemente, en el 2016, en una amplia muestra de voluntarios adultos usuarios de internet en Francia, un estudio examinó si la práctica de cualquier técnica de cuerpo-mente estaba asociada con su peso. El estudio encontró que el 13.8% de la población general estaba practicando alguna modalidad de disciplina mente-cuerpo. Las prácticas más comunes fueron meditación (7.6%) y yoga (4.8%) con un total del 7.9% de usuarios regulares y un 5.9% de usuarios ocasionales.

Los usuarios regulares de las técnicas mente-cuerpo eran los menos propensos a ser obesos o a no tener sobrepeso. Estas asociaciones sugieren que los usuarios de CAM (que incluyen una gran proporción de practicantes de técnicas de mente-cuerpo y yoga) pueden ser una población comprometida con el bienestar general. Más específicamente al yoga, ahora se están llevándo a cabo numerosos estudios que examinan a subpoblaciones de practicantes de yoga en relación a la regulación del peso.

En un gran estudio de observación, la Dra. Emily White, el Dr. Alan R. Kristal y otros colegas de la Universidad de Washington fueron de los primeros en examinar retrospectivamente la relación entre el peso y la práctica del yoga en hombres y mujeres saludables de edades entre los 53 y 57 años en el estudio nacional de Vitaminas y Estilo de vida (VITAL, por sus siglas en inglés) con 15,550 participantes entre el 2000 y el 2002. El 7.5%, un número relativamente más reducido de individuos, reportaron haber tenido una práctica de yoga; estadística similar a la reportada por la prevalencia nacional del yoga en la sección transversal nacional en 2002 de la Encuesta Nacional de Salud (NHIS, por sus siglas en inglés).

Encontraron que la práctica del yoga durante los años previos a la edad de 45, estaba asociada con una ganancia de peso atenuada en comparación con los que no practicaron y quienes mostraron sobrepeso u obesidad. También hubo tendencias significativas en patrones de dieta más saludables y más actividad física en los practicantes de yoga que en en las personas que no lo practicaron.

El médico investigador de yoga, Gurjeet Birdee y sus colegas examinaron los datos de la encuesta NHIS del 2002 para evaluar qué tanto se usa el yoga para mantener la salud. Encontraron que los practicantes de yoga eran más propensos a estar saludables y muy pocos de ellos tenían obesidad, y además la mayoría de ellos reportó que identificaban al yoga como responsable de que mantuvieran una buena salud en general.

Del mismo modo, un estudio más reciente de la prevalencia, las tendencias y los correlatos de la práctica del yoga en Inglaterra entre 1997 y 2008, usando los datos de la Encuensta de Salud para Inglaterra, encontraron que aquellos quienes practicaban yoga tuvieron un Índice de Masa Corporal (BMI) más bajo, se calificaron con una mejor salud general y reportaron una mayor frecuencia en la práctica de actividad física de nivel moderado a vigoroso. Otros estudios han abordado y examinado directa y específicamente a los practicantes de yoga.

La investigadora de yoga Nina Moliver y algunos colegas, usando una encuesta de internet, juzgaron si una práctica de yoga de largo plazo se asociaba con el IMC en mujeres de mediana edad. Entrevistaron a 211 mujeres practicantes de yoga (de edades entre los 45 y los 80 años) para evaluar si el IMC variaba en base a la frecuencia y duración de su práctica de yoga. Encontraron una significativa relación inversa, de tal manera que un aumento en la experiencia de yoga reportó un IMC más bajo. Adicionalmente, 49 individuos quienes tenían 25 años o más de práctica de yoga no tenían obesidad. Además, una comparación entre practicantes de yoga con valores de población general con personas de edad y sexo similares reveló un IMC más bajo en los practicantes de yoga.

Tal vez la mejor investigación de este tipo que se realizó fue dirigida por Alyson Ross y sus colegas en el Insituto Nacional de Salud. Realizaron una encuesta nacional entre practicantes de yoga estadounidenses y observaron que entre más alta era la frecuencia de la práctica, había un mayor decremento del IMC.

En lugar de años de práctica de yoga o participación en clase, era la frecuencia de la práctica de yoga fuera de clase lo que repetidamente era un vaticinador de las facetas de una mejor a salud, incluido el IMC, el consumo de frutas y verduras, la atención plena y el bienestar subjetivo.

En resumen, todos estos estudios indican una posible relación entre el yoga y los comportamientos de salud que afectan el IMC. Estas observaciones sugieren que el yoga es una posible estrategia para mejorar el control de peso y las conductas de salud en el estilo de vida.

Sin embargo, una limitación importante en estos estudios transversales retrospectivos es que las poblaciones de los practicantes de yoga estudiados son poblaciones autoseleccionadas (es decir, que los individuos sanos son más propensos a practicar yoga), y que las características de IMC y actividad física más óptimas no necesariamente sean debido a su práctica de yoga en sí.

Por lo tanto, se necesitan más estudios prospectivos a largo plazo que recluten a practicantes que no practican yoga para abordar esta debilidad junto con más estudios sobre la eficacia del yoga para la salud y las enfermedades crónicas, incluida la obesidad.

Fuente: Kundalini Research Institute.
Traduccion de: Satguru Singh

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