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La vida con Yogui Bhajan: Una sola cosa a la cual aferrarse

Sat Nam querida familia,

“Señor, ¿me podría decir cuál sería la única cosa que debería hacer que me proporcione más beneficio? Me gustaría enfocarme en una sola cosa.” Esta no era una pregunta de alguno de los estudiantes del Siri Singh Sahib, Yogui Bhajan, era una pregunta de un invitado.  Muchos invitados hacían preguntas a nuestro maestro.

“Relájate amigo”, contestó el Siri Singh Sahib.

El amigo respondió, “estoy relajado. Por favor dígame, ¿qué cosa debería hacer?

“Quiero decir que te relajes todo el tiempo. Relajarte es la respuesta a la pregunta de qué es lo que deberías hacer.”

“¿En serio? Pero algunas veces, bueno, de hecho muchas veces no puedo relajarme.  No puedo relajarme y estar enfocado al mismo tiempo.”

“¿Por qué no?”

“Por que así es como se logra hacer las cosas.”

“¿Por qué?

“Porque así es.”

“Bueno, así es para ti, pero eso no tiene que ser así.  No hay una regla escrita que diga que no puedes estar relajado y ser productivo al mismo tiempo.”

“¿Cómo logro eso?”

“Es fácil; sólo recuerda que Dios siempre está contigo. Él es tu mejor amigo. Dios me proveé a mi y debe proveerte a ti también.  Tú ya tienes el hábito de la responsabilidad, así que no hay ninguna necesidad de arrastrar nada hasta convertirlo en un problema. Relájate en tu deber. Esa es la manera de disfrutarlo. Relájate, relájate, relájate.  Recuerda relajarte cuando necesites hacerlo.  Esa es la única cosa que deberías hacer.”

Yo estaba sentado junto al Siri Singh Sahib  en el sofá del Hotel El Dorado en Santa Fe.  A nuestro alrededor había algunas de sus secretarias, unos cuantos estudiantes y algunos invitados, incluyendo el mencionado anteriormente.  El Dorado era nuestro lugar de reunión habitual dos o tres días a la semana  a mediado de los noventas.  Casi siempre había uno o diez invitados que se nos unían. Venían los alimentos, la conversación continuaba y una banda en vivo tocaba música.

Al Siri Singh Sahib le gustaba ese ambiente pues decía que le recordaba a un hotel de un poblado en India junto al acantonamiento (la estación militar Británica) en donde su padre trabajaba como doctor.  Él pasó muchas tardes ahí escuchando pieno en vivo y comiendo algún entremés. Supongo que hay hábitos muy bien establecidos, incluso para un yogui.  Y afortunadamente para todos nosotros, éste era un buen hábito que todos experimentamos también durante esas agradables excursiones de la tarde.

Esa conversación que nuestro maestro tuvo con aquel invitado, me golpeó fuerte.  No sé cómo se haya sentido nuestro invitado, pero yo supe que ese mensaje estaba destinado también para mi.  De hecho, muchas cosas que dijo a otros, aplicaban para mí.  La única manera en que había relacionado el concepto de relajación era que alguien más se hiciera cargo de mis necesidades y de las necesidades de aquellos quienes estaban bajo mi responsabilidad. Él me recordaba todo el tiempo que en realidad sí tenía a esa persona.  El Guru prometía hacer su trabajo; todo lo que yo tenía que hacer era relajarme y dejar que él se hiciera cargo.  De hecho, fue por eso que me sacó de mis negocios y me movió al rancho en Nuevo México, a mil millas de Los Ángeles. Él reprendía a cualquiera de mis empleados si me hablaban de mis negocios. Él quería que me relajara y que practicara la fe.  Bueno, eso es muy fácil de decir.  Primero tenía que creer que era digno de recibir tal bendición. 

Nuestro maestro enseñó que cada persona es digna. Todo lo que tenían que hacer es creer verdaderamente que lo son. La práctica de incrementar la auto-estima debe ser completada para poder creer esa mentira.  Digo mentira porque si no crees en algo que deberías, es una mentira hasta que lo crees. Así que comencé a practicar el creer en mi dignidad, incluso cuando no lo creía en ese momento.  Su conversación era otro recordatorio dentro de una larga lista de recordatorios que me dio.  El cambio puede ser difícil.  Él nunca se dio por vencido al enseñarme, recordarme, provocarme, amarme, criticarme, cumplimentarme.  Hizo lo que fue necesario para mantenerme dirigido.  Y por la Gracia del Guru, yo tampoco me di por vencido.  Juntos, los recordatorios y el mantenerse arriba hacen un gran par.  Nos llevan al éxito.  Manténganse al tanto.

En Humildad de Servicio y Gratitud,
MSS Hari Jiwan Singh Khalsa
Jefe de Protocolo

Traducción de: Satguru Singh