Numerología Tántrica
curso-taller
encuéntrate con tu destino
CENTRO DE YOGA
Kundalini Yoga
la más poderosa de todas las yogas, al alcance de tu mano
CENTRO DE YOGA
¡Gratis!
asiste a una clase muestra
CENTRO DE YOGA

El Yogui Próspero

Disipando el mito de las limosnas

Por: Shakti Parwha Kaur Khalsa 

En septiembre de 1929, cuando la bolsa de valores se vino abajo (tres meses antes de que yo naciera),  los locos años veinte terminaron con un quejido trayendo la Gran Depresión de los treinta; así que yo fui una de los “bebés de la depresión”.

Mi madre mantuvo a mis dos hermanos y a mi vendiendo Enciclopedias de puerta en puerta en la ciudad de Minneapolis, Minnesota.  Sin auto, en la lluvia o en las nevadas, con frío o calor, ella tocó a las puertas para traer la comida a nuestra mesa.  Nunca nos dejó pensar que eramos pobres, pero ciertamente no éramos ricos.  No había dinero para lujos y nada debía desperdiciarse.  El reciclaje era un estilo de vida.

 

El lado positivo de esto fue que recibí un sólido entrenamiento en economía.  Mi madre era muy firme para pagar las cuentas a tiempo para mantener una buena calificación crediticia.  Nos enseño que era una “vergüenza” ser un “no pagador”.  Si no puedes pagar completo ahora, contacta al acreedor para establecer tus buenas intenciones, y por lo menos haz un pago parcial.

Más que nada nos enseñó, “Siempre honra tu palabra”. (No tenía ni idea del Sikh Dharma, el cual está basado en honrar la verdad, eso lo conocí años más tarde).  Ella también tenía el hábito de decir, cuando la renta estaba vencida, “niños, tengo que hacer una venta y sé que el Señor proveerá”. Y por supuesto, Él proveía.

La desventaja de una niñez en los años de la depresión era que, a pesar de el énfasis en los valores, había un sentimiento constante de carencia.  Acepté como un hecho de vida que no podríamos tener muchas de las cosas que quisiéramos.  Desarrollé un “complejo de pobreza”.

Luego, cuando estaba en mis veintes (en los 50's), estudié filosofía Oriental y leí historias de muchos santos y yoguis, todos ellas eran de renunciantes y ascetas.  Mentalmente acepté la escuela espiritual de los “taparrabos y las limosnas”.

Cuando conocí a Yogui Bhajan, en diciembre de 1968, creía que el dinero y las posesiones no eran compatibles con el camino espiritual.  El concepto de riqueza y abundancia no estaba en mi psique.  Puedes entonces imaginarte la clase de sobresalto que tuve cuando lo escuché decir, “La pobreza es una maldición”.  Lo que él explicó fue que entre más tengas, más puedes dar y compartir con otros.

Ir desde la idea limitada de “no puedo darme el lujo de dar” a la idea expansiva de “Dios es el gran Dador, así que entre más damos, más nos parecemos a Dios” era un gran y complicado salto.  Pero vi cómo Yogui Bhajan fue de no tener prácticamente nada (materialmente, por supuesto) cuando lo conocí, a convertirse en alguien increíblemente abundante.  Sé que esto ocurrió porque él estaba dando constantemente dando, y además, trabajaba.

La ética que él compartía con sus estudiantes era “el trabajo es un culto”.  Y los inspiró a iniciar negocios para que pudieran ganar honestamente y al mismo tiempo proveer empleos para los demás “cabellos largos” o la famosa generación de los baby boomers.  Él puso el ejemplo desde el inicio, ganando su propio dinero enseñando y dando conferencias.

Incluso cuando él no tenía prácticamente nada de dinero, siempre se mostraba.  En los días en que apenas iniciaba en Los Ángeles, él sorprendió (y horrorizó) a la mujer en cuyo centro acababa de enseñar una clase cuando de camino a cenar en una cafetería cercana, le dio cada centavo de lo que acababa de ganar a un hombre ciego que vendía lápices en la calle.  La mujer dijo, “¿Qué ha hecho? ¿Cómo va a pagar su cena?” El Yogui dijo, “No se preocupe, mi Guru se hará cargo de mi”.  Y por supuesto, un estudiante que había reconocido a Yoguiji, se hizo cargo de la cuenta incluso antes de que ésta fuera presentada.

La fe inquebrantable de que su Dios y su Guru siempre se harían cargo de él me admiraba. (Él siempre decía, “Mi Dios y mi Guru”, afirmando la realidad de su intima relación).  Yo creo que la prosperidad es una combinación de fe y del principio del vacío, da para que la abundancia en el Universo pueda llegar a ti para llenar el vacío.

Yogui Bhajan viajo y dio conferencias, enseñó dos clases diarias, seis días a la semana en Los Ángeles, ganando y dando.  En 1972 compró la construcción ubicada en el 1620 de Preuss Road, la cual se convirtió en el Ashram de Guru Ram Das.  Unos años más tarde, él cedió la propiedad a Sikh Dharma.  Él creía que nada le pertenecía, sino que todo le pertenecia a Dios y nosotros somos los cuidadores.

Muchos de los estudiantes que llegaban no tenían dinero, así que Yoguiji esparcía monedas en la entrada para que ellos pudieran pagar antes de tomar la clase.  Él sabía el principio inherente en Kundalini Yoga “si llegas con las manos vacías, te vas con las manos vacías”. Él quería que cada estudiante obtuviera  lo más que pudiera en cada clase.  Una vez nos dijo que el trabajo de un maestro es entrenar a las personas para que den.

Él abandonó una posición muy lucrativa en India para venir al Occidente.  La abandonó a pesar de las advertencias de los pundits y a pesar de que estaba cerca de conseguir una pensión de retiro.  Pero, como era su costumbre, escuchó su guía intuitiva ignorando las advertencias de que no era el tiempo idóneo para irse y las predicciones de que tendría tiempos muy difíciles.

Lo que sí es cierto es que su equipaje se perdió en Amsterdam, en la ruta hacia Canadá; y cuando llegó a Toronto, se enteró de que el hombre que le había prometido un empleo en la universidad había muerto en un accidente automovilístico.  Sin trabajo, sin dinero, pero aferrado a su fe.  Con frecuencia decía que había ganado mucho dinero cuando sirvió al gobierno de India (había sido un oficial del ejército y luego un oficial de aduanas), así que ¿cómo iba a permanecer pobre si estaba sirviendo al Uno que creó todo?

Sólo con su equipaje de mano y treinta y cinco dólares inició una vida en el Occidente.  Determinado a ganar su propio sustento, obtuvo un empleo embarcando libros de envío, y de alguna manera sobrevivió, envolviéndose los pies con periódico para mantenerlos calientes mientras el crudo invierno avanzaba.  Más tarde, encontró un centro de yoga en donde pudo enseñar.  Luego, un fin de semana de diciembre de 1968, vino de visita a Los Ángeles. De nuevo, sin empleo y prácticamente sin dinero, comenzó a dar su tiempo, su amor y su conocimiento a la gente joven que conoció, y en cuyas almas reconoció a aquellos que estaban destinados a convertirse en maestros para la Era de Acuario.  No sólo enseñó kriyas de Kundalini Yoga sino también enseñó cómo prosperar personal, social y espiritualmente.

Yogui Bhajan sabía que la prosperidad llega a aquellos quienes dan. Él ayudó a la gente para que dieran un salto de fe y vaciaran el vaso para que el Dador de todo pudiera llenarlo.  Cuando alguien le daba un regalo, éste iba a su altar, y rezaba por quien se lo había dado.

Lo que decimos y lo que pensamos es energía en movimiento, ya sea negativa o positiva.  El miedo bloquea nuestra prosperidad; un patrón de pensamiento de carencia crea y perpetúa la pobreza.  Esto no significa que deberíamos ser extravagantes o tontos con nuestro dinero, sino nos presupuestemos con inteligencia y prioricemos nuestro tiempo y nuestro dinero, sabiendo que la primera cuenta que ha de pagarse es al Infinito.

Así que, el primer décimo del día es otorgado en sadhana, tu práctica espiritual diaria, ¡una inversión de tiempo con una taza del 10% de ganancia en bendiciones garantizado!  Y el primer décimo de ingreso es otorgado en diezmo, abriendo la avenida para que el Dador de todo provea gran abundancia en nuestras vidas.

Otro secreto de prosperidad es mantener una actitud de gratitud.  Parece que de la misma manera en que los seres humanos tienden a querer dar más a aquellos quienes aprecian sus regalos, Dios responde.  (Después de todo, ¿no estamos hechos a imagen de Dios). Así que no importa lo mucho o lo poco que creamos que tenemos, y eso por supuesto un juicio relativo y subjetivo, ser verdaderamente grandioso otorga ganancias. No solamente sentiremos felicidad y contentamiento, ¡sino que Dios se sentirá inclinado para ofrecernos más!

Que todos seamos bendecidos para vivir conscientemente como dadores, para que podamos prosperar como seres humanos generosos, dichosos y reales.

(Publicado originalmente en Aquarian Times, Otoño, 2001)

Foto: Yogi Bhajan enseñando en 1969 

Shakti Parwha Kaur Kalsa fue la primera alumna de Yogui Bhajan en los Estados Unidos; él le dio en título de Madre Divina de 3HO.  Ella ha enseñado Kundalini Yoga desde 1969.  Es autora de “Caja de Herramienta para Enseñar a Priniciantes”, “Kundalini Yoga, El Flujo del Poder Eterno”, “Postura de Kundalini y Poesía”, y “El Matrimonio en el Camino Espiritual: Obteniendo la Maestría del Yoga más elevado”. Es aficionada al cine.

 

Fuente: 3ho.org
Traducción: Satguru Singh



Patrocinadores