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La alimentación y un prospero año nuevo

¿Puede la alimentación influir en nuestra prosperidad?

Para responder esa pregunta es importante entender primero que todo en nuestra naturaleza tiene ciclos y está en constante cambio y movimiento. Los ciclos más evidentes son los ciclos de la luna, del agua,  el día y la noche, las estaciones del año, etc.

Los seres humanos, en nuestro afán de “mejorar”, hemos ido desconectándonos de muchos de esos ciclos naturales sin darnos cuenta de que en realidad no necesariamente estamos mejorando. Por ejemplo, descubrimos cómo utilizar la electricidad para iluminarnos, y a partir de entonces logramos “alargar nuestros días”, pues “vencimos a la oscuridad” y podemos mantenernos despiertos y trabajando por más tiempo, aunque el ciclo natural indica que deberíamos estar durmiendo, nuestros cuerpos funcionan diferente en el día y la noche.

Algo parecido hemos logrado con los alimentos; creamos invernaderos, semillas y frutos más resistentes a los climas e insectos, químicos que alargan la vida de los alimentos, y también ideamos medios para transportarlos grandes distancias.  Hoy en día podemos encontrar en el súper mercado, por ejemplo, mangos en invierno.

De esa forma también nos hemos desconectado del ciclo las estaciones del año, en donde la naturaleza nos ofrece los frutos y alimentos que nos hacen funcionar mejor en cada una de las estaciones, fortaleciendo nuestro sistema inmunológico, mejorando nuestros metabolismos, relajando nuestros sistemas nerviosos, etc.

Si hablamos de un próspero año nuevo, tenemos que entender cómo funciona la prosperidad en la naturaleza, y ésta funciona por ciclos.  Los seres humanos, cada fin de año, inventamos rituales para volvernos prósperos en el siguiente. Que si tiras lentejas, que si prendes velas, que si cuelgas borregos en la puerta, que si te vistes de tal o cual color, que si le rezas a tal o cual santo... en fin, queremos volvernos prósperos a través de rituales, pero no entendemos que somos parte de la naturaleza y que ésta nos proporcionará las circunstancias ideales para ser, como ella, prósperos de forma natural.

En el invierno la naturaleza desacelera sus ritmos, seguramente lo has notado. Los árboles dejan ir sus hojas, los animales se resguardan y no se les ve merodeando tan a menudo, los alimentos se vuelven más escasos...

¿Y qué hacemos nosotros? Nos desconectamos de la naturaleza y hacemos precisamente lo contrario. Se acerca el solsticio de invierno, o la navidad, y comenzamos a salir más, a comer más. En México, por ejemplo, tenemos las pre-posadas, las posadas, las post-posadas, cenas navideñas, cenas de fin de año, cenas de reyes y luego comemos tamales en febrero como si no hubiera un mañana.

El invierno, cuando la naturaleza nos proporciona una escasez natural de alimentos y en consecuencia una especie de ayuno, cuando de forma natural nuestras digestiones se vuelven más lentas, cuando deberíamos estar relajados y bajar nuestros ritmos; saturamos nuestros sistemas digestivos, nos desvelamos más, descansamos menos y luego queremos tener un próspero año nuevo sólo porque comimos uvas en la cena de año nuevo.

El vacío que genera el invierno en la naturaleza es llenado en la primavera. En la primavera la naturaleza se vuelve próspera, los animales, las plantas, las flores, los insectos e incluso los virus y bacterias se vuelven prósperos. Y te aseguro que no tiraron lentejas en sus madrigueras o nidos, no encendieron velas ni hicieron nada raro de lo que hacemos nosotros.

¿Cuál es la diferencia? La diferencia es que ellos están conectados a su mamá, la naturaleza y ésta les ofrece todo lo que necesitan.

Si quieres tener un “próspero año nuevo” mi sugerencia es que entiendas cómo funciona el invierno.  Está muy bien reunirse con la familia y los amigos, pero también hay que aprovechar el invierno para desacelerar los ritmos, para descansar más y para comer, si no menos, aunque sea de forma moderada. Y conste que no te estoy pidiendo que te mates de hambre.

El invierno es momento para hacer más meditación,  para dejar ir rencores, toxinas, grasas, creencias negativas, apegos egoístas, enojos. Entiende que la naturaleza lo sabe y proporciona las circunstancias adecuadas, pero nos hemos desconectado de ello.

Un prospero año nuevo llegará, en gran medida, dependiendo cómo viviste tu invierno. No necesitas hacer rituales graciosos, necesitas vaciarte, justo como lo hace la naturaleza. La ley natural es que todo vacío debe llenarse.

Así que la respuesta es: sí, la alimentación sí influye en nuestra prosperidad.  Satura tu sistema comiendo mucho en el invierno, y en la primavera, en lugar de llenarte de energía y prosperidad, deberás trabajar para desintoxicarte, para dejar ir lo que debiste dejar ir en el invierno. Pero si no saturas tu sistema, si descansas un poco más, si comes moderadamente durante el invierno, si meditas un poco más, prosperarás al igual que todo lo que está conectado a la naturaleza.

 

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